Las encuestas de opinión pública son un instrumento válido y valioso en las democracias modernas. Así lo entendió La Prensa al ser pionera en la publicación de muestras científicas. Su compromiso ha sido siempre la elaboración de cuestionarios objetivos y la publicación de los resultados, sin miramientos en cuanto a quién puedan afectar o perjudicar. Faltaríamos a nuestro compromiso ético si dejáramos pasar inadvertido el desacierto acontecido recientemente con las primarias panameñistas.
La encuesta encargada por La Prensa tenía como objetivo consultar la opinión sobre temas de interés a nivel nacional, no partidario. Equivocadamente, se tomó una sección de la misma -que cotejaba a quienes profesaban su compromiso con ese colectivo- y se elaboró una noticia con base en una muestra no representativa.
Con un margen de error tan alto -como se explica en esta edición- era virtualmente imposible pronosticar las preferencias en las primarias. Fue un tratamiento inadecuado dado a datos técnicos que demandan una excusa pública a nuestros lectores. Mea culpa.