El Órgano Judicial está dando muestras importantes de un cambio. Hace poco, la Corte Suprema de Justicia, en un fallo sin precedente reciente, echó abajo una decisión presidencial a todas luces violatoria de la ley, mediante la cual se otorgaron indultos a diestra y siniestra, sin considerar que es un privilegio limitado y que no depende de la discrecionalidad del funcionario.
Ahora, un tribunal superior ha revocado un fallo de un juez que no encontró una sola razón para llamar a juicio a un tío del Presidente de la República.
El mencionado tribunal no solo halló méritos suficientes, sino que ordenó que sea llamado a juicio. Son pasos firmes para conseguir un viejo anhelo de los panameños: impartir verdadera justicia. Lo reprochable es que no todos los magistrados actúan con apego a la ley.
Allí, en los despachos de algunos de ellos, yacen expedientes de casos de alto perfil sobre los cuales se han sentado con el avieso fin de que estos prescriban. Son ellos, precisamente, la vergüenza de la justicia local.
