La historia se repite en espiral. Las sesiones ordinarias de la Asamblea Nacional solo se realizan un máximo de cuatro veces por semana, es obvio que a los diputados el tiempo no les alcance para dar los tres debates, en días distintos, a proyectos de ley de cierta complejidad.
Enfrentándose así a la ‘necesidad’ de mantenerse en sesiones maratónicas cada vez que se aproxima el final de cada período, para así poder aprobar leyes que entonces catalogan de ‘urgencia notoria’. Es un método más que delicado, peligroso, por el contenido de las leyes que aprueban y sus consecuencias.
Esta costumbre es aún más cuestionable en un período pre electoral, como el que vivimos actualmente. Es lamentable que tras recobrar nuestra democracia, todavía los diputados no tomen conciencia de la importancia de legislar y aún más lamentable es que los ciudadanos no entendamos la importancia de elegir correctamente a quienes nos representarán en el pleno legislativo.