El año escolar tiene una planificación que responde a criterios de aprendizaje aplicados a los estudiantes que reciben las clases. Es decir, no debería haber espacio para la improvisación. Sin embargo, en este momento es difícil imaginar que los profesores y maestros no lo hagan con un año tan irregular como el que vivimos.
Estamos en las postrimerías del segundo bimestre y todavía hay escuelas y colegios cuyas clases están tan atrasadas que bien podría decirse que los estudiantes han perdido literalmente el año.
Esta administración ha sido inexcusablemente irresponsable en el programa para reemplazar la fibra de vidrio, no solo porque contrató empresas que no hicieron su trabajo o que lo hicieron tan mal que ha habido necesidad de hacerlo nuevamente, sino porque ha perjudicado a miles de alumnos cuyo futuro depende enteramente de la educación que reciben.
Con un panorama sombrío como el que tenemos, el Ministerio de Educación tiene que brindar a los estudiantes afectados la oportunidad de recuperar lo que han perdido por culpa, precisamente, de la improvisación.
