Panamá destina el equivalente al 7.5% del producto interno bruto a su sistema de salud. Este gasto nos ubica a la par de países desarrollados, muy cerca de Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, la calidad de los servicios que recibe la inmensa mayoría de los panameños es paupérrima. Ayer el Grupo de Garantes presentó formalmente el resultado de su trabajo.
El mérito mayor es haber puesto al paciente -y no los intereses gremiales ni políticos- como objetivo prioritario, rescatando el derecho a una atención apropiada, pronta y segura. Por supuesto, habrán de salir comentarios que -sin siquiera leer ni entender la propuesta- contienen toda suerte de críticas y opiniones detractoras.
Hay aún muchos detalles que concretar, pero lo cierto es que el sistema de salud panameño colapsó y ahora tenemos una propuesta conceptual seria y valiente sobre la cual discutir. Antes de desechar el modelo de unificación y seguir derrochando millones, permitamos a conciencia que el mismo reciba el debate y el estudio requerido y luego decidamos como sociedad qué es lo más conveniente.
