El progreso le sonríe a Panamá. Como nunca antes, el dinero no es problema para el gobierno. Lo tiene y mucho, pero carece de responsabilidad social. Prueba de ello es que prefirió construir un costoso estacionamiento en la Avenida Balboa al que llama cinta costera- en vez de invertir en la solución a un problema que agobia a miles de panameños: el transporte público.
La tragedia, que marcó un antes y un después en el servicio que prestan los buses, ha cobrado sus primeros culpables: un juzgado condenó al dueño y al conductor del bus que aquel aciago 23 de octubre de 2006 ardió junto a 18 pasajeros que murieron de la peor manera. ¿Pero acaso son ellos dos los únicos responsables de la tragedia?
Este arcaico sistema ya fue juzgado y condenado por los usuarios, al igual que las autoridades llamadas a velar por la seguridad y eficiencia del trasporte. Solo que para unos hay cárcel y para otros la certeza de que no hay castigo.
