La cinta costera ha terminado siendo una caja de Pandora. Los esfuerzos periodísticos de este diario por obtener información confiable y precisa sobre la obra, tropiezan con la renuencia oficial a ser transparentes, con respuestas a medias. Aún así, al descubierto queda otra bellaquería. A la sombra de pactos que ganan tiempo para convertirse en hechos consumados y en sospechoso silencio, una nueva solicitud recorre despachos, de parte del Miramar.
No hay duda de los méritos de una cinta costera sobre la bahía, pero los acuerdos de recámara son una bofetada al pueblo y dejan el nauseabundo olor a negociado. ¿Por qué seguir perpetuando beneficios individuales a quienes ya sacan provecho de bienes públicos?
¿Será este el emblemático legado del joven Torrijos, fiel a la tradición del PRD, donde una obra necesaria para el país deja tras de sí como los corredores de Pérez Balladares enrevesadas cláusulas, aterradores beneficios individuales, y 200 millones más de deuda?
