El Ministerio de Educación parece estar haciendo su mejor esfuerzo para que los estudiantes estén en las calles en vez de en las aulas. Primero fue el personal docente, ausente en muchos planteles, problema que aún persiste en lugares que por remotos son los más necesitados.
Luego fue la fibra de vidrio: miles de alumnos estuvieron más de un mes sin poder asistir a la escuela, inconveniente que tampoco ha acabado. Y ahora, hay estudiantes que no pueden aprender porque les falta de todo: bancas, tableros y equipos.
El ministro de Educación hace gala de una demagogia politiquera y descarada, pues estos problemas se deben a una administración negligente. No es falta de recursos, porque plata hay. Lo que falta es diligencia y voluntad, pero eso no se puede pedir a quien está más preocupado por lograr una silla en la Asamblea Nacional. Luego no entendemos las causas del incremento de la violencia juvenil, cuando la educación oficial no contribuye a ahuyentarla.