El desarrollo toca a nuestra puerta: tenemos un producto interno bruto que ha crecido 50% en solo cuatro años; una economía que crece a un ritmo vertiginoso y un régimen democrático al que se le atribuye una modernidad que, sin embargo, riñe con sus principios básicos, tal como está sucediendo en la Asamblea Nacional, cuya transparencia en los asuntos públicos solo es comparable al del hermetismo de un secreto.
¿Cuándo entenderán nuestros diputados que la información pública no es de su pertenencia o que la discrecionalidad no es una opción cuando el tema atañe a la sociedad? Es incompresible que los diputados hayan gastado decenas de miles de dólares en un sistema de votación electrónico que no usan o que presuman de una página web que no actualizan desde hace meses, pese a que su contenido es estrictamente público.
Omitir información es también engañar. No lo olvidemos cuando tengamos las papeletas de votación enfrente, el 3 de mayo de 2009.
