Hoy por Hoy 2008/04/13

La desidia de las autoridades en el Casco Viejo ha pasado de negligente a delictiva. ¿Cómo es posible que el patrimonio histórico que están obligados a preservar sea destruido ante sus propias narices? No bastó con la pérdida irreparable del Arco Chato ni la reciente devastación del histórico Hotel Central. La maleza, convertida ya en frondosa vegetación, está por derrumbar los muros de la Compañía de Jesús, la Catedral y otros monumentos sin que nadie pueda, al menos, contratar un machetero a tiempo. A pesar de prohibiciones expresas, se sigue celebrando cuanta fiesta o bautizo hay con fuegos artificiales, presagiando una desgracia ante la obvia complicidad de la Alcaldía. Pero a nadie parece importarle hasta que lamentemos el siniestro, a pesar de que no es uno, sino cuatro los despachos oficiales –ubicados en el propio centro histórico y cargados de personal– que miran sin ver y cobran para no actuar. ¿Se necesita un mejor ejemplo de incapacidad culposa o de complicidad dolosa?

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