Los años siguen pasando y, ante un mundo cada vez más competitivo, Panamá sigue cometiendo el mismo error: No hemos atendido la grave enfermedad que afecta a la educación panameña.
Y es que el sistema educativo público, por donde se lo mire, no se corresponde con el importante crecimiento económico que goza el país, situación que tarde o temprano traerá graves consecuencias. Hoy, el accidentado curso del año escolar cumple su primer mes, y todavía hay una importante cantidad de estudiantes que no han logrado recibir su primera lección. Esto es inconcebible.
El Estado tiene suficientes recursos a propósito de las recaudaciones sin precedentes como para que todas las escuelas del territorio nacional estén en óptimas condiciones, y así garantizar el derecho a la educación de todos los panameños. Sin embargo, el señor ministro de Educación parece más interesado en utilizar su cargo como trampolín para sus aspiraciones políticas, antes que cumplir con su responsabilidad.
