Al problema de la incompetencia de las autoridades de resolver el problema del transporte hay que sumar ahora otro. Resulta que hay comunidades y barrios cuyos habitantes deben soportar el infernal ruido de camiones y maquinarias que llevan y traen toda clase de materiales en horas nocturnas, interrumpiendo el sueño de panameños que al día siguiente deben abordar un bus a primera hora de la madrugada, o de gente que simplemente no puede seguir durmiendo.
¿Hasta dónde llega el menosprecio por estos ciudadanos que ya no saben a quién acudir para poner fin a esta situación?
Pareciera que los funcionarios fueran cómplices de empresarios sin escrúpulos, porque al conocer las quejas, su reacción es mentir, excusarse o prometer soluciones que jamás llegan. Mientras tanto, proyectos y construcciones siguen adelante, como si esta ciudad fuera tierra de nadie.
O comienzan a poner orden o tendremos cierre de calles, como es ya usual cuando los ciudadanos se sienten desprotegidos.
