Lo que viven poblaciones enteras en Bocas del Toro es grave, pero al mismo tiempo es inconcebible en un país que tiene un ritmo de crecimiento y desarrollo económico como pocos en el mundo: El agua que toman está infestada de bacterias de heces fecales.
Las personas que bebieron el líquido y enfermaron son casi 700, entre las cuales hay frágiles niños. Reprochable también resulta que hace más de una semana, los propios bocatoreños advirtieron de que la mala calidad del agua que consumen podía ser la causa de la epidemia y que el Idaan haya dicho que no había encontrado nada irregular en ella.
La ligereza con la que los funcionarios hablan sobre problemas tan alarmantes es imperdonable y debe tener consecuencias ejemplares. Las autoridades tienen el deber de encarar esta situación responsablemente, no solo para dar con la causa del problema sino para evitar que se repita. Los panameños merecemos agua potable y abundante en cada rincón del país.
