Ganarle la batalla a la inflación está difícil, pero si a ello se le suman las sospechas de que hay empresas de alimentos básicos que se ponen de acuerdo para evitar la competencia, entonces sí que se vulneran todas las leyes del mercado, afectando irremediablemente al eslabón más débil: los consumidores.
Y, casi tan importante como saber si hubo o no colusión, es el hecho de constatar si realmente sirven de algo las denuncias legales que se interponen por supuestas prácticas monopolísticas.
Lo que hemos visto y vemos con habitualidad es una patética renuncia, por parte de las autoridades, a aplicar justicia. En todas las esferas, en juzgados, cortes y hasta en el campo electoral.
Existe, al parecer, una descarada conspiración para favorecer a personas o empresas sospechosas de actos que flagrantemente atentan contra todos los panameños. Y eso es lo grave, que no son delitos en los que se perjudica a unos pocos, sino que toda la colectividad queda en manos de los arreglos y descaros mercantiles de unos cuantos.
