Si alguien tuvo alguna esperanza, esta semana Martín Torrijos se encargó de hacerla pedazos. Ha quedado claro que no asumirá su responsabilidad con respecto al transporte público, mostrando una deplorable indiferencia hacia los usuarios, a quienes prefiere seguir sometiendo a que arriesguen sus vidas todos los días, antes que enfrentar a los transportistas de una vez por todas. Es obvio que el problema del transporte no se arregla en un día, pero si hubiera honrado su promesa desde el mismo 1 de septiembre de 2004, ya habríamos avanzado considerablemente. Tal como lo hizo luego del horrible accidente de octubre de 2006, el Presidente volvió a crear expectativas de supuestos anuncios que nunca llegaron. Y mientras la inacción gubernamental se encarga de causarnos una indignación suprema, la sociedad civil ha decidido actuar y lanzarse a la calle para presionar. Ojalá la iniciativa ciudadana sea el detonante para que la ciudad de Panamá no siga secuestrada por la mafia del volante que, sin duda, en cuestión de un par de horas o algunos días se encargará de que otro panameño pierda su vida bajo las ruedas de un diablo rojo.
Hoy por Hoy 2008/03/30
30 mar 2008 - 05:00 AM
