Panamá es un país privilegiado: entre sus riquezas naturales cuenta con la segunda reserva hídrica de Centroamérica. Pero seguramente no tenemos ese puesto en lo que respecta a la preservación y conservación de este invaluable recurso.
Al contrario, los escándalos en esta materia abundan en Panamá, pero en la mayoría de los casos no hay mayores consecuencias para los responsables de los desmanes.
Hoy, en el Día Mundial del Agua, los panameños –pero más que nada las autoridades– debemos recapacitar sobre este tema, pues las aguas contaminadas no sirven de mucho y ponen en peligro nuestras vidas, incluso nuestra economía.
El Gobierno tiene que ser más enérgico en las sanciones. Cada vez es más grande la desfachatez de empresarios que se burlan de las reglas establecidas y, en consecuencia, arrasan manglares y áreas boscosas.
Por ello, es necesario revaluar los castigos, pues cuando se quema o se destruye un bosque, el atentado no es contra unos pocos, es contra el bienestar de todos los panameños.
