La prescripción del caso de Adelag era absolutamente previsible. Este proceso llevaba años estancado en los juzgados, en un mar de tecnicismos que le dieron vida, irónicamente, a su muerte legal.
Y ahora –cual sátira de mal gusto– aparece el presidente de la Corte Suprema de Justicia rasgándose las vestiduras y declarando que la prescripción del caso Adelag es un ‘escándalo nacional’. Tal parece que el sistema judicial está diseñado para favorecer a los más vivarachos.
Y lo grave es que Adelag no es un caso en el que uno o dos perdieron dinero: se afectó en sumas millonarias a una multiplicidad de acreedores, hoy pródigamente burlados.
El proceso de quiebra de Adelag se ha ganado el poco honroso privilegio de ser un caso emblemático de cómo utilizar la ley para salir bien librado sin mayores perjuicios, meramente con el paso del tiempo. Otra decepción para la sociedad que espera de jueces y magistrados algo más que tardías lamentaciones.
