El actual es un gobierno absolutamente incapaz de atajar el caos del transporte público. El consuelo de los políticos es poder alegar que –ciertamente– las administraciones anteriores han sido tan incompetentes como la actual. Cruda realidad para esa inmensa mayoría de panameños que no tiene otra alternativa de movilización que el humillante servicio de buses y taxis.
La ultima polémica –ahora con los taxistas– sirve de botón de muestra. Por décadas ha estado en el Reglamento de Tránsito el mandato de que los taxis deben ser de un solo color, condición elemental para facilitar la identificación de los vehículos dentro del laberinto urbano.
Pero cada gobierno ha ido posponiendo la aplicación de un requisito tan básico porque, obviamente, nunca es buen momento para los dirigentes del transporte de poner orden en el servicio. Cuando los gobernantes no pueden ni siquiera aplicar una norma tan sencilla, ¿qué esperar de los problemas de fondo en el transporte público? ¡Qué tragedia!
