Si bien es cierto que el cierre de calles como método de protesta es reprochable sobre todo porque afecta a terceros ajenos a la problemática de los quejosos, el uso desmedido de la fuerza por parte de la Policía Nacional es mucho peor.
Los ciudadanos exigimos que las manifestaciones no afecten el libre tránsito, pero otra cosa es ser testigos del abusivo comportamiento y el embate desproporcionado por parte de algunos agentes que despliegan una actitud poco profesional y hasta aberrante.
Habrá que investigar el confuso incidente que produjo una víctima fatal, pero lo que es irrefutable es que la mano dura contra gremios que protestan independientemente de la legitimidad de sus causas contrasta con lo que parece una ineficaz política de las fuerzas de seguridad contra la violencia, el crimen y la delincuencia. La sociedad se siente desprotegida y reclama más seguridad, pero debe quedar clara la diferencia entre contención y atropello. Pedimos un mínimo de sensatez ante las manifestaciones callejeras y una represión efectiva contra el hampa.
