Independientemente de todos los reclamos ciudadanos que se puedan tener contra los transportistas -tanto del sector colectivo como selectivo-, cuando de seguridad se trata hay que dejar las recriminaciones a un lado y poner el derecho a la vida por encima de todo lo demás.
Los últimos incidentes que se han presentado con transportistas del sector este de la capital son una prueba más de los niveles de violencia y criminalidad que se viven en Panamá; pero en este caso, los trabajadores del transporte parecen ser los blancos preferidos de los delincuentes. Mientras esto ocurre y los conductores trabajan arriesgando su vida, la seguridad escasea en el lugar.
Ya es tiempo de que las autoridades, desde el Presidente de la República hasta el director de la Policía, escuchen el grito de la ciudadanía que exige protección. La situación parece estar fuera de control, y las únicas estadísticas que nos presenta el gobierno son las de crecimiento económico y reducción de desempleo. ¿Por qué no le muestran al país la verdad sobre la crisis de seguridad pública que atraviesa Panamá?
