Una de las críticas que se vierten sobre los panameños es que no somos lo suficientemente organizados, vehementes y constantes en nuestras exigencias hacia las autoridades, y ello da margen a que las injusticias y sinvergüenzuras de los políticos de turno, por más graves que sean, se conviertan en comidilla por unos días, para luego desaparecer ante la satisfacción de sus autores. Uno de los casos más patéticos es el transporte público. El lunes 23 de octubre de 2006 murieron 18 pasajeros calcinados dentro de un bus. Hoy, quince meses después, tenemos una reforma inútil a la ley de transporte y los diablos rojos siguen atentando contra la vida de los panameños, todos los días. Peor aún, el Gobierno ha mandado señales de que ha decidido seguir posponiendo una solución integral al problema del transporte. Así, mientras el presidente, Martín Torrijos, decide cuándo cumplir con sus obligaciones, nos corresponde a todos ejercer presión ciudadana para no permitir que se burlen del pueblo una vez más.
Hoy por Hoy 2008/01/06
06 ene 2008 - 05:00 AM
