Ahora que sabemos que la Comisión Evaluadora no hizo observación ni comentario alguno que nos diera luces sobre la independencia e integridad de los aspirantes a ocupar una silla en la Corte Suprema de Justicia, aumenta nuestro recelo y escepticismo frente a la futura designación presidencial. Penosamente, la comisión se limitó a una labor secretarial, privándonos con ello de la oportunidad histórica de consignar reservas, dudas y virtudes dentro del proceso de selección.
Nos queda pues, pedirle al Presidente que honre su compromiso de sanear la institución judicial, nombrando a dos hombres o mujeres que con sus actuaciones empiecen a revertir la percepción generalizada de corrupción que hay en torno a la Corte.
Juristas responsables que con fallos éticos, apegados a la ley y en absoluta transparencia devuelvan la credibilidad requerida cuando cualquiera sea la causa nos vemos compelidos a acudir a los juzgados en busca de justicia o reparación. Para que el ciudadano no tenga más temor de llevar sus conflictos ante un juzgador imparcial, decente y probo. Lo merecemos.
