Resulta paradójico que mientras casi el 40% de los panameños se debate entre la pobreza y la extrema pobreza e intenta sacar a flote a su familia para minimizar la crudeza cotidiana, la carencia y la falta de por lo menos una comida completa al día, nuestros gobernantes disponen de los fondos públicos cual piñata particular. No solo se acomodan en un cargo público sino que se asignan un salario sustancioso -usualmente acompañado de otros privilegios también pagados de nuestros bolsillos- y que incluye, por supuesto, a la parentela. Es vergonzoso que las influencias y vínculos directos sean el único prerrequisito para aspirar al engranaje gubernamental. Hombres capaces, profesionales idóneos y gente de a pie con ganas de aportar a la Patria abundan y no llevan el mismo apellido ni comparten lazos sanguíneos o afectivos con miembros de la cúpula del poder político. Qué descaro y qué falta de respeto con los electores. Cobrémosle caro por ello.
Hoy por Hoy 2007/12/26
26 dic 2007 - 05:00 AM
