La paz y la alegría del 25 de diciembre es hoy contagiosa, pero ello no nos impide recordarle al primer mandatario de este país que tiene un deber que cumplir con el pueblo panameño. Así, desde ayer, el Presidente tiene en sus manos las evaluaciones de los 74 aspirantes a la Corte Suprema de Justicia y está obligado a regalarnos la designación de dos juristas de una integridad inquebrantable, que den muestras con su trayectoria, reputación y ética de que es posible abrigar nuevamente la esperanza de contar con un sistema judicial transparente, imparcial y digno.
Ello, ya que el principal freno para la generación y crecimiento de las inversiones es la falta de seguridad jurídica y la desconfianza en la justicia panameña. Si logramos desbancar el espectro de la corrupción institucional que percibe el ciudadano en nuestros tribunales, estaremos en condiciones de promover con orgullo un país equilibrado y justo.
¡Qué mejor regalo para este día!
