Líderes evangélicos han salido a protestar y con justificada razón- por la pretendida intención del Gobierno de aprobar el ordinariato castrense. Solo ayer, los mismos líderes insistían en la aprobación del mes de la Biblia, transformado luego en el de las Sagradas Escrituras.
Semántica burda para esconder este inaceptable coqueteo entre los temas religiosos y la política. En uno y otro caso, la presente Administración se deja arrastrar por un camino peligrosísimo, desconociendo los principios rectores que sustentan el Estado laico y la separación que debe existir entre las convicciones religiosas y el Estado.
sswLa discusión que se da ahora mismo dentro de la Asamblea Nacional con miras a ratificar el concordato, emulando jerarquías eclesiásticas de ejércitos vecinos, es aterradora. Más grave aún, desvirtúa la política de desmilitarización de la fuerza pública que, contraria al acuartelamiento y aislamiento de las unidades que justifica prelados especiales, busca precisamente la integración de los policías con sus familias, con la comunidad y con el culto abierto.
