Los médicos tienen en sus manos la baraja que puede poner fin a esta batalla agotadora en la que todos salimos perdiendo. El as pueden usarlo para ganar la partida, poniendo fin al paro y negociando un aumento con todo el apoyo popular; o pueden echar por la borda la oportunidad y seguir obtusos con la paralización de la atención médica que ya lleva 21 días.
La decisión no parece ser muy difícil, pero sí estratégica. Se trata de deponer los egos e intereses particulares y retomar la sensatez para –sin aflojar la causa– exigir un ajuste cónsono con la realidad salarial actual, pues nadie discute que el incremento es merecido.
Entonces, parece hora de poner un alto a esta desgastante y peligrosa situación, mientras continúan su lucha reivindicadora, pero en la mesa de negociación, usando las armas civilizadas que permiten presionar y al final lograr los acuerdos que se traducen en su tan perseguida victoria gremial.