No hay duda de que los gobiernos de Cuba y Venezuela hacen importantes esfuerzos por exportar sus sistemas políticos autoritarios a otros países de la región. Y estos ‘enviones revolucionarios’ se manifiestan de ingeniosas maneras.
Recientemente, nuestros concejales recibieron sendas invitaciones oficiales para visitar ambos países, lo cual desde la óptica diplomática o de cooperación intergubernamental no es alarmante; sin embargo, la agenda de estos viajes no fue divulgada a la ciudadanía; simplemente no hemos recibido explicación alguna. El convite ha sido repetido, sin intención de revelar el objetivo. También hace unos días, una representación venezolana tuvo un acercamiento con grupos sindicales panameños –en suelo patrio– cuyo propósito y resultado tampoco quedaron claros. Estas movidas no parecen ser aisladas y hay que ponerles atención. Las autoridades panameñas tienen el deber de aclarar qué hay detrás de estos encuentros, pues ningún bien le hace a nuestra democracia que se pretendan reproducir modelos fracasados.
