Las cosas no parecen mejorar para el medio ambiente local. Ahora nuestro país figura en el primer lugar de una lista en la que se cuentan las especies en peligro de extinción y tenemos nada menos que 315, incluidas, por primera vez, especies de plantas. Lo que refleja esa lista es un claro mensaje del desparpajo con que se manejan nuestras políticas ambientalistas. Adormecidos bajo el efecto narcótico del dinero, de ensueños salpicados de acero y concreto, de costosas villas o de incomparables barrios, los funcionarios van por allí aprobando cuanto disparate se les ponga enfrente. Si en el camino hay que aplastar una o dos ranas “psicodélicas” o arrasar con un par de bosques, todo sea por el progreso, dicen, convencidos de que el país no sobrevivirá sin esos proyectos que, para hacerlos, hay que renunciar para siempre a la vida silvestre de playas y manglares, islas, bosques y ríos. ¿Es que acaso tenemos que renunciar a nuestra biodiversidad para que unos pocos puedan vivir en el lujoso esplendor?
Hoy por Hoy 2007/10/14
14 oct 2007 - 05:00 AM
