Una verja de hierro, de pésimo gusto y peor criterio, acaba de ser instalada en el Casco Viejo, entre el Palacio de las Garzas y la Plaza Catedral. Son tantos los mensajes que el Ejecutivo envía a los ciudadanos, cada uno más desatinado que el anterior.
So pretexto de la seguridad, y procurando salvar el injustificado abuso de fuerza del SPI contra ciudadanos indefensos, se ha improvisado un adefesio que poco aporta a la seguridad, además de distanciar, aún más, al poder de las críticas ciudadanas.
El Presidente, de paso, desconoce todas las disposiciones sobre la preservación del Casco Viejo, reafirmando que se siente por encima de ellas o, lo que es peor, que estas solo se deben aplicar a los particulares o a los tontos. Así, la arrogancia del poder, sumada a la improvisación y al mal gusto, nos van dibujando el carácter del mandatario de turno.