Manuel Antonio Noriega está más cerca de Francia. La justicia estadounidense ha emitido una decisión que abre las puertas parisinas al ex dictador, pero también deja entrever que Panamá no ha hecho ningún esfuerzo por lograr su extradición. Qué pena que sea un juez extranjero quien nos diga que ni siquiera está claro si el Gobierno panameño está persiguiendo la extradición del ex dictador.
La falta de transparencia con la que se ha manejado este tema es una burla para todos los panameños; más aún para los familiares de todos aquellos torturados y asesinados por órdenes del ex general.
La opacidad del asunto nos obliga a esperar hasta que el proceso finalice, para descubrir si realmente hubo una solicitud presentada –en regla– ante la justicia de Estados Unidos. De ser negativa la respuesta, estaríamos ante una negligencia que la historia no perdonará.
