Hoy el país ve las primeras luces del alba con un sentimiento de angustia e incertidumbre, producto de las presiones y amenazas de un sector que no parece tener intenciones de ceder frente a los múltiples llamados de cordura tanto de la sociedad, como de la Iglesia y hasta de los propios grupos de obreros.
Suntracs nos ha dado pruebas de que está dispuesto a mantenernos rehenes de sus caprichos –ya con poquísimo apoyo general–, pues aunque la reivindicación laboral siempre tiene seguidores, la violencia no. ¿Cuanta sangre más necesitamos derramar para que estos grupos sindicales se sienten a dialogar? Ya ni siquiera es cuestión de si les asiste o no la razón, es que la razón impuesta a costa de la vida humana, es una sinrazón. Aún no se sabe a ciencia cierta de qué bando procedían las balas asesinas, pero lo que sí es innegable, es que eran absolutamente innecesarias.
Entonces, en medio de tantos temas sociales que merecen atención, ¿puede el Suntracs demostrar que vela por sus agremiados y de una vez por todas trazar la senda de la concertación? Eso haría un buen dirigente.
