La irresponsabilidad circula peligrosamente por las calles capitalinas. Las autoridades del Tránsito y los transportistas han olvidado a las 18 víctimas del incendio del bus que hace menos de un año ardió ante la mirada atónita de la ciudadanía. Ayer, otro siniestro acaeció: los ocupantes de un bus que las llamas consumieron por dentro y por fuera lograron salvar su vida por segundos, mientras que horas antes dos buses chocaron y provocaron más de una docena de heridos.
¿Hasta cuándo el usuario vivirá al filo de la muerte? Formular la pregunta es una necedad, pues la actitud del Gobierno no deja margen de maniobra: los diablos rojos son indomables fieras de metal que no respetan a la autoridad. La actitud del Tránsito ante tanto libertinaje solo revela una inconcebible debilidad o total indiferencia.
Si sus funcionarios no pueden frenar el descontrol de estos conductores que están dispuestos a matar por 25 centavos, entonces que renuncien. No contemos otra desgracia, porque si ello ocurriera no habrá agua con la que puedan lavar sus manos manchadas de sangre.
