Lejos de legitimizar sus reclamos, la dirigencia del Suntracs ha dejado maltrecha a buena parte de la clase obrera organizada del país. Sus tácticas intimidatorias, la violencia contra todo aquel que no comulgue con sus objetivos, amén de sus abusivos cierres de calles, han empañado los méritos de sus aspiraciones.
Su agresividad e irresponsabilidad han dejado un muerto. Solo ayer, este diario se unía al coro de voces que pedían a la dirigencia obrera –que ha tomado por costumbre blandir armas– dejar de lado la violencia "antes de que se produzca un hecho que tengamos que lamentar". Pero fue en vano. El peor de los presagios se cumplió.
La agresión física superó todo argumento, conduciendo a enfrentamientos entre sindicalistas que han terminado en sangre derramada. Habrá ahora que pedir cuentas tanto al autor material del homicidio, como a una dirigencia inescrupulosa que lleva ya demasiado tiempo desconociendo las bases de la convivencia democrática.
