En sospechoso mutismo, se decide la suerte del ex dictador. Dentro de un mes, Noriega habrá concluido su condena en Miami por narcotráfico y deberá enfrentar los reclamos por la comisión de graves delitos en este país. Francia ha formalizado también su pedido para que cumpla otra condena.
En el debate jurídico y político sobre si deberá purgar penas en Panamá o en Francia, han aflorado argumentos detrás de cada postura, pero el fondo retrata una triste realidad: los panameños sencillamente desconfiamos de nuestra administración de justicia. Ha sido una larga y consistente secuencia de actuaciones judiciales sospechosas, decisiones desacertadas y resultados inexplicables, lo que ha llevado a los istmeños a la incredulidad.
Es el infortunio mayor de nuestra sociedad tener que aceptar que, en democracia y libertad, debemos asociar a nuestros tribunales con la impunidad. Ahora se discute sobre Noriega, mas la verdadera incógnita será saber ¿cuánto tiempo más podrá nuestra sociedad convivir con un sistema de justicia ayuno de credibilidad?