Ha pasado un año desde que Fidel Castro entregó el poder a su hermano Raúl, y los vientos de democracia aún soplan muy lejos de las costas cubanas. Tras una recaída que puso al octogenario dictador cerca de la muerte, todo tipo de especulaciones recorrieron el mundo sobre lo que pasaría en Cuba sin Fidel; sin embargo, la consolidación de su hermano demuestra que el régimen puede mantenerse, aun sin la presencia del primero.
Ante esto, los debates sobre una posible transición democrática en Cuba se fueron disipando paulatinamente, dando paso a la realidad: Cuba no será libre mientras gobiernen los hermanos Castro.
Así las cosas, nos toca seguir siendo espectadores de cómo, en pleno siglo XXI, más de 10 millones de cubanos viven sin siquiera el derecho a disentir, al tiempo que Estados Unidos sigue manteniendo un absurdo embargo. Y hoy, cuando la experiencia castrista debería servir para eliminar de la faz de la Tierra modelos opresores fracasados, vemos impotentes a un Hugo Chávez llevando a Venezuela por el mismo camino. Qué pena.