El Presidente la pasó bastante bien el pasado jueves en Nicaragua, donde un viejo camarada suyo que gobierna ese país, Daniel Ortega, lo invitó a celebrar un aniversario del movimiento sandinista. Como era una fiesta de revolucionarios no podía estar ausente Hugo Chávez, el nuevo "revolucionario" latinoamericano del siglo XXI.
Y mientras allá se daban abrazos fraternos los tres, acá las víctimas y familiares de los envenenados con medicinas de la Caja de Seguro Social recibían la paliza de su vida a manos del Servicio de Protección Institucional. Y, como para calmar los ánimos, la Presidencia nombró una comisión, es decir, ¡otra comisión! para investigar a los responsables –como si a estas alturas ya no lo supiera–.
Es inexcusable el exceso de fuerza que desplegaron ayer los agentes de la Presidencia, especialmente porque se trataba de gente que no hubiera estado en las calles de no haber sido por la negligencia que reina rampante en la Caja de Seguro Social y de promesas incumplidas para atenderlos de manera prioritaria.
