Los transportistas quizá formalmente no posean los títulos académicos de un especialista, pero tienen armas de negociación inéditas. Lo que sí es conocido es el impacto de sus argumentos, pues han logrado que funcionarios del gobierno queden como meros farsantes. Sus promesas –especialmente después de la muerte de 18 personas el año pasado– estaban dirigidas a poner orden en ese anárquico mundo del transporte colectivo. Hubo quienes aplaudieron que el nuevo director del Tránsito fuera militar, esperanzados en que la disciplina marcial es buen remedio para el caos. Pero la medicina resultó ser un placebo. Los transportistas pretenden traer buses de China, desconociendo el hecho de que parte del problema actual es que ellos son, precisamente, los que prestan el servicio. Ahora el miedo se multiplicará, pues tendremos a los mismos conductores al frente de enormes moles de hierro compitiendo por usuarios que se preguntan si sus vidas valen tan poco. Si los transportistas logran su objetivo, quienes deberían asumir la responsabilidad de las vidas de los usuarios son las autoridades.
Hoy por Hoy 2007/07/07
07 jul 2007 - 05:00 AM