El espectáculo que nos vienen ofreciendo desde hace varios meses los dirigentes del Comité Olímpico de Panamá es, por decir lo menos, bochornoso. El escándalo ha sido tal, que ya traspasa las fronteras nacionales, y hoy nos encontramos al borde de una sanción internacional, lo cual sería vergonzoso tanto para nuestros atletas, como para todos los panameños. Esta situación, además de presentar al mundo una pésima imagen de Panamá, constituye un golpe más de la irresponsable dirigencia contra el deportista panameño.
Este es un país cuya historia se ha visto alumbrada por importantes glorias deportivas, que nos han regalado enormes triunfos y satisfacciones. Por el respeto que ellos se merecen, ya es hora de que los intereses políticos y personales se alejen de todo lo que tenga que ver con el deporte, y tengamos dirigentes realmente comprometidos y honestos.
Esperemos que esta vergüenza internacional sirva para que las dirigencias se renueven, de una vez por todas.
