Las cifras, aunque exactas, pueden transmitir una falsa realidad. Panamá presume de lo que gasta en salud, en educación, incluso, en seguridad ciudadana. Pero hay que honrar la verdad: lo que verdaderamente hay es un derroche a manos llenas. Las inversiones son la última prioridad de los gobiernos, y empiezan a notarse justo al acercarse el periodo electoral. En cambio, la planilla gubernamental es lo que realmente les interesa. De ahí que la mayoría de los panameños piense –y con justificada razón- que inscribirse en un partido político es verse en carros de lujo, con los pies cruzados sobre una pila de papeles; con sueldos exorbitantes; cómodas jornadas de ocho horas que, medidas en productividad, apenas alcanzan a la mitad; dos días de descanso semanal y muchos más en el interminable calendario festivo panameño. Las imágenes del político criollo que se ven en los noticieros vienen a ser los comerciales que necesitan los partidos para reclutar a esas masas que, deseosas corren a preguntar: ¿dónde hay que firmar para obtener el trabajo de mis sueños? En otras palabras, el vergonzoso clientelismo político.
Hoy por Hoy 2007/06/24
24 jun 2007 - 05:00 AM
