La decisión de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia de no divulgar el costo de la canasta básica revela la debilidad de la institución en el tema de la transparencia. Los reclamos contra el aumento de los productos de consumo masivo no pueden ser acallados meramente por la osadía de quien optó por el oscurantismo.
Si el administrador no resiste las justificadas críticas de la sociedad por los imparables aumentos de la canasta básica, es mejor que se dedique a otra cosa, pues no podrá silenciarlas.
Entre tanto, los "ajustes" que hará la Contraloría al cálculo del costo de la canasta básica –si es como los de 2003– no serán más que cosmetología. Esos "ajustes" se basan en los hábitos de consumo: si alguien compra leche grado A, pero el costo de la vida sube tanto que solo le queda para comprar leche grado B, será entonces este –y no el otro producto– el que será la referencia para hacer el cálculo. Así, la canasta básica baja de forma automática y "todos contentos". Este truco, señor Contralor, no engaña a nadie.
