A nadie sorprende que las sesiones plenarias de la OEA culminaran ayer en Panamá con decenas de resoluciones cargadas de lenguaje diplomático y elevada retórica. Desde la energía hasta el fútbol formaron parte de los temas centrales del encuentro de cancilleres de las Américas. Sin embargo, la gran ausente ha sido la censura contundente ante el desafío real de un Presidente pseudo demócrata, quien furioso con el discurso contrario ha buscado las sutilezas legales para cercenar la libertad de expresión en Venezuela.
La OEA demostró –como lo hizo también antes con la dictadura en Panamá– que sus acciones son tibias y que su mano no alcanza a tocar las realidades cotidianas que requieren de tutela internacional. Frente a esta falta de apoyo internacional, el pueblo panameño sí demostró su cohesión y la firmeza con que defendemos el derecho a expresar y divulgar opiniones pluralistas.
Ahora, debemos coadyuvar en el esfuerzo de publicar las arbitrariedades e injusticias para que ni Chávez ni ningún otro gobernante insista en utilizar el poder para comprar silencio.
