Para exigir respeto, primero hay que ganárselo. Venir a Panamá a reclamar lo que no se practica es hacer alarde de una charlatanería desmedida. Y a eso vino el Canciller venezolano, a exigir el respeto que su Presidente le ha faltado a todo aquel que se ha atrevido a criticarle, incluyendo a la persona que está al frente del organismo que ha servido de escenario para que el funcionario venezolano lance sus demandas. No olvidemos el respeto que se merecen todos los venezolanos –sin excepción–, incluidos aquellos que reclaman la oportunidad de expresarse libremente.
Esa libertad es, precisamente, lo que le permite al gobierno chavista atacar a sus críticos, pues de qué otra manera se puede enterar de lo que sucede en el interior de las celdas de Guantánamo o de las torturas a los prisioneros iraquíes, sino a través de los medios de comunicación.
El derecho a estar informado es lo que permite a los pueblos tomar las mejores decisiones; pedir rendición de cuentas a sus gobernantes; corregir rumbos. Lo demás es retórica patriotera.
