Los ministros de Educación de la región –entre ellos, por supuesto, el de Panamá– adquirieron el compromiso de promover la "cultura de la paz" a través del establecimiento de una asignatura de derechos humanos en los planes de estudio de los colegios secundarios. No hay duda, es una propuesta digna de elogio.
Lo que resulta irónico es que mientras representantes del Gobierno andan contrayendo "compromisos" en esa dirección, la actitud de esta administración marcha en dirección opuesta, a tal punto que figuramos en informes en los que se nos acusa de estar en mora, precisamente, en el tema de los derechos humanos.
Allí están los casos de Rita Wald, Heliodoro Portugal y el centenar de desapariciones y muertes que se produjo durante la dictadura militar, hecho que los gobernantes de turno –y los de entonces– han pretendido olvidar. Si se va a impartir clases de derechos humanos, los que deberían ser los primeros alumnos suelen reunirse en el Palacio de las Garzas. A predicar con el ejemplo.