Hoy por Hoy 2007/06/02

En un régimen democrático como el que tenemos en Panamá, resulta extraño que los panameños aún mantengamos una lucha ardua y desgastante con los gobernantes para que se respeten los derechos humanos. Da vergüenza que hoy produzca tan profundo sinsabor mencionar la palabra justicia, en un país que la reclama rabiosamente. Y es así, porque la injusticia es la raíz de muchos de nuestros problemas más perniciosos: la galopante y cada vez más descarada impunidad; las prolongadas detenciones preventivas; leyes represivas sin visos de resocialización; normas que apadrinan el oscurantismo en vez de la transparencia. No resulta una sorpresa, entonces, que decenas de organismos pro derechos humanos se hayan reunido para aprovechar la coyuntura y advertir, en medio de una importante sesión hemisférica, que no hay que dejarse llevar por los espejismos de nuestro virtual progreso. Panamá esconde en su clóset verdades vergonzosas. Son ellas, precisamente, el gran estorbo para alcanzar el umbral que nos pondría en el primer mundo.

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