Amador era una tacita de oro... ahora es de cobre. El espacio en las islas era escaso y, para suplir el “defecto”, a alguien le pareció brillante la idea de hacer rellenos. Lo peor es que hubo funcionarios a quienes la idea les fascinó. Así, lo que antes eran hermosas islas, hoy son “estacionamientos” de botes, extravagantes centros comerciales y proyectos de hoteles que no arrancan, pero que su invisible presencia riñe con la naturaleza, pues los terrenos donde supuestamente están han sido arrasados. Menos mal que las autoridades recuperaron la cordura y –aunque el daño ecológico es irreversible– ansiamos ver que los concesionarios abusadores rindan cuentas por las “preciosidades” que han hecho en una zona donde lo que sobraba era eso, belleza. Y, por supuesto, uno de ellos es Figali, quien construía la más novedosa de todas las marinas, en la que, al parecer, los botes “flotarían” en una sólida superficie rellena de tierra y piedra. Las autoridades han actuado sensatamente, pero todos sabemos que este caso terminará en la Corte Suprema de Justicia. ¿Actuarán los magistrados con la misma cordura?
Hoy por Hoy 2007/05/27
27 may 2007 - 05:00 AM
