Hoy por Hoy 2007/04/29

Instalar una planta de cemento en un sector de tanta sensibilidad como lo es una de las entradas del Canal, donde además están ubicados uno de los principales puertos del país, áreas urbanas, residenciales y boscosas, así como el área de aproximación de un aeropuerto, es un riesgo rabiosamente innecesario. Y es un riesgo porque, pese a lo que se diga, la empresa promotora hará una inversión que se resistirá a renunciar si se diera el caso de que el proyecto no sea tan “ecológico” como promete. Pero la peor parte será la del Estado, que tendrá ante sí serios problemas que van más allá de la salud de sus habitantes, que ya es bastante grave. Habrá que sumarle usuarios del Canal y concesionarios de puertos furiosos; ciudadanos, empresarios, residentes y ecologistas que no darán tregua para que desaparezca la planta. En fin, son demasiados riesgos. ¿Está el Gobierno dispuesto a pagar el costo si algo sale mal con esta planta? Asumir tanta contingencia no es un acto que se pueda calificar de razonable, entonces ¿qué hay detrás de todo esto?

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