Darién es percibida como una lejana y peligrosa provincia. Tan lejana es, que los policías parecen no estar seguros de que es territorio panameño. Pero ¿tan remota es como parece? Pues, no. Más lejos está Chiriquí o Veraguas.
Lo que hace que Darién sea percibida tan distante es, precisamente, el abandono en que está: carreteras que nunca terminan de construirse; donde los ríos son el equivalente a calles o avenidas; donde no hay hospitales; donde niños mueren de hambre; donde el teléfono es un lujo; donde internet es una fantasía de ciencia ficción.
En Darién no se hacen Consejos de Gabinete ni ferias ni seminarios; allá no hay hoteles cinco estrellas ni aire acondicionado ni supermercados. Por eso Darién figura en los planes de gobierno de todos los candidatos, para luego desaparecer sutilmente de la agenda de los gobernantes. Y así, otra vez en campaña, los políticos volverán a repetir sus promesas vacías y otra vez comenzará el ciclo vicioso.
Este gobierno no ha sido la excepción: olvidó Darién, pero ya se acordará cuando haya que contar votos.
