Hoy por Hoy 2007/04/23

Hoy es un triste día de recordación. Hace seis meses ocurrió –frente a muchos aún traumatizados testigos– una de las más dramáticas tragedias colectivas. Se trata del incendio de un autobús en el que 18 seres humanos murieron calcinados mientras trataban de escapar del horno en llamas en que se convirtió el transporte público en que viajaban.

El dolor de estas muertes se extendió a todo el pueblo panameño, que lloró al ver las dantescas escenas. El dolor se convirtió en furia, pues los transportistas ni se sienten responsables de lo ocurrido ni respetan a los usuarios, y mucho menos la ley. Y actúan así porque el Gobierno simplemente lo permite.

De poco sirvieron las promesas de cambios: los incendios en buses continúan; el mal servicio se mantiene y los transportistas –incluidos los que se dicen diputados– metieron en cintura a la Asamblea Nacional, que sin vergüenza se arrodilla cada vez que los lores del transporte amenazan con uno de sus paros. La furia ha dado paso a la frustración, pues la indiferencia que exteriorizan sindicalistas y autoridades hacia toda esa gente que murió, los sobrevivientes del horror y sus afectados familiares solo prueba que, una vez más, nada pasará.

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