Hay señales confusas con relación a los cambios que está impulsando el Gobierno en las principales instituciones de seguridad. Si las modificaciones obedecen a una estrategia de seguridad nacional, así debe ser informado a la ciudadanía, a fin de que podamos entender el fundamento y alcance de tales reformas. Pero los anuncios a cuentagotas de enrevesadas fusiones y de lo que parecen ser caprichosos desmembramientos en los organismos de seguridad estatal parecen responder más a una coyuntura que a un ordenado plan, concebido con un norte y objetivos definidos. Una estrategia errática no solo es peligrosa, sino que puede terminar de hundirnos en el caos social y la represión frenética aupando aún más el clima de inseguridad que ya sufre el país. Basta de improvisaciones y ambigüedades. El Gobierno debe aclarar lo antes posible qué es lo que hay detrás de estos repentinos e inexplicables cambios: si son consecuencia de una estrategia, debe advertirlo; y si no lo son, entonces, tiene que elaborarla. Ya hemos pagado errores muy costosos por esa costumbre irresponsable de nuestros funcionarios de improvisar.
Hoy por Hoy 2007/04/22
22 abr 2007 - 05:00 AM