Las reformas a la Ley de la Caja de Seguro Social que la "salvarían" se aprobaron en 2005. Muchos panameños aceptaron la reforma, entre otras cosas, porque hay quienes no tienen alternativa para atenderse.
Pero al cabo de ese tiempo y sin que estén completos los cambios, la pésima atención en la CSS sigue siendo igual o peor que antes: los asegurados hacen colas interminables para obtener cita con un médico que, a su vez, los referirá a un especialista que, en el mejor de los escenarios, tardará semanas en verlos. No hay medicinas y el trato que dispensan los funcionarios a los asegurados es el que le darían a un indeseable.
Es decir, quizás haya dinero para jubilarnos, pero moriremos intentando salvar la vida en los hospitales de la CSS. Entonces, ¿para qué tanta reforma si los equipos no funcionan, los insumos escasean y no hay médicos ni medicinas? Para colmo, los remedios, en vez de aliviar, matan. Nada ha logrado el Director de la institución, salvo perpetrar la vergüenza de un sistema inoperante, ineficiente y mortal. Hace mucho debió renunciar por este fracaso.
